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En el Imperio Romano los nombres se repiten

Esta tarde escuchaba en el programa de RNE El ojo crítico, una extensa entrevista a Amin Maalouf con motivo de la publicación de su último libro Los desorientados. En el mismo hay un personaje que se llama Adam y según comentaba Maalouf no es un nombre casual, sino que es el contrapunto al primer hombre: Adán. Decía que había tomado la idea de Rómulo y Constantino, primeros y últimos. Y esto, amigos, da pie a la curistoria de hoy.

Según la tradición, Rómulo fundó Roma junto con su hermano gemelo Remo, en el siglo VIII a.C. siendo además el primero, Rómulo, su rey fundador. Desde el mito, la tradición, viajamos hasta la historia real para cerrar el círculo, ya que el último emperador del Imperio Romano de occidente fue Flavio Rómulo Augusto, otro Rómulo. Con este emperador, nacido en Rávena, se da por concluido el Imperio Romano, aunque en realidad el imperio de oriente siguiera vigente algunos siglos más.

Pero curiosamente el Imperio Romano de oriente, también conocido como Imperio Bizantino, sufrió el mismo ciclo, es decir, empezó y acabó con un nombre: Constantino. La capital de este imperio estaba en Constantinopla, la actual Estambul, y empezó sus días con el emperador Constantino I en el año 306. Algo más de mil años más tarde, en el 1453, los otomanos acabaron con Constantino XI y con él se extinguió el Imperio Romano de Oriente.

Por lo tanto, el Imperio Romano, en sus dos vertientes, occidental y oriental, después de siglos de vigencia y por lo tanto después de muchos hombres en el poder, acabó como empezó. En ambos casos el último emperador tenía el mismo nombre de aquel hombre que dio origen al periodo.