
Un Barça espeso pasó un mal trago ante el Celtic de Glasgow, equipo ultradefensivo que se agarró al orden, a la inspiración de su portero, Forster, y a una porción de suerte para aguantar el envite hasta el descuento, cuando Jordi Alba, casi en un acto de fe, pescó un gol en el segundo palo. El balón, bombeado por Adriano, sobrepasó las torres escocesas y llegó hasta ese rincón. Dos puntos que volaban acabaron en la cazuela. Después de varios experimentos consistentes en armar una defensa sin defensores de profesión, acuciado por las circunstancias (lesiones de Pujol, Piqué y Alves), Tito Vil...